Justo Alejandro Estoup
Los movimientos migratorios han constituido fenómenos socioeconómicos de mucha envergadura. A través de la historia reciente se pueden observar de qué manera importantes flujos demográficos se trasladaron a distintos espacios territoriales nacionales en búsqueda de una mejor calidad de vida. Existen numerosos elementos expulsores que hicieron que dichos grupos personifiquen de alguna manera los cambios o transformaciones producidos en sus países de origen. Guerras, hambrunas, pestes, regímenes políticos dictatoriales, como así también las actuales crisis económicas y financieras, constituyen con toda seguridad factores que influyen en dichas movilizaciones poblacionales. La misma conformación demográfica de Argentina es fruto de estas migraciones.
Juan Bautista Alberdi en su gran obra “Las bases y puntos de partida para la organización nacional” aconsejaba la venida de inmigrantes europeos para poblar los extensos territorios que constituía Argentina de mediados del siglo XIX. A partir de la generación del ‘80 la población constituyó parte de la política de Estado. Tanto es así que el entonces presidente Julio Argentino Roca promovió la venida de aquellos europeos para poblar la inmensidad del desierto argentino. Hasta la Primera Guerra Mundial se estima que llegaron a Argentina aproximadamente 6 millones de inmigrantes, de los cuales 3 millones se afincaron definitivamente en territorio nacional. Éstos estuvieron liderados fundamentalmente por italianos y españoles, y minoritariamente por otras nacionalidades europeas. Como consecuencia del proceso de industrialización de Argentina, a mediado de los años ‘30, surgieron nuevas corrientes inmigratorias, provenientes esencialmente de los países limítrofes, como así también, del interior de la República ante la demanda de mano de obra en las grandes urbes como consecuencia del comercio e industrialización.
El año 2001 se instaló en la historia reciente, como uno de los momentos más críticos que ha vivido Argentina en los últimos 50 años. La monumental debacle de la economía y el quiebre financiero provocaron un conjunto de consecuencias sobre la población. Uno de los fenómenos más interesantes e intensos para el estudio de aquella época lo constituye el proceso de migraciones de aquellos compatriotas que no encontraron otra salida que emigrar del país hacia otros centros que ofrecieran mayores posibilidades de desarrollo profesional y estabilidad económica. Muchos de ellos eligieron como destino el continente europeo, más precisamente España. Este último país desde su entrada a la entonces denominada Comunidad Económica Europea, logró revertir años de postración económica y convertirse en uno de los protagonistas más importantes en la conformación de la Unión Europea.
Muchos autores inclusive hablaron del milagro español, al referirse al extraordinario desarrollo socio - económico del país ibérico. La inmigración argentina hacia España fue bastante heterogénea en cuanto al perfil de los migrantes, sin embargo, entre ellos, hubo una gran cantidad de profesionales y científicos que encontraron espacio rentable para sus actividades. Siete años después de aquel colapso, Argentina recuperó gran parte del terreno perdido gracias a las renovadas políticas impulsadas desde el año 2003 por el presidente Kirchner. El 2008 también coincidió con el comienzo de la crisis europea que tuvo a España entre las más perjudicadas. Hoy en día reviviendo aquella ola de inmigrantes de fines del siglo XIX, vuelven los españoles a Argentina en búsqueda de mejores oportunidades laborales. Muchos de ellos profesionales que ya el mercado español no puede absorber por el alto índice de desocupación que vive la península ibérica. Pero también vuelven los argentinos, formados en su mayoría en nuestras universidades públicas, como producto de una decisión política de la administración de la presidenta Cristina Fernández de repatriar a aquellos hombres y mujeres valiosos, hombres y mujeres de ciencia que el CONICET vuelve a albergar tras años de ausencia y exilio. Recordemos que el actual CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) tuvo su antecedente fundacional más importante en el CONITYC (Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas), creado en el año 1951 por el entonces presidente Juan Domingo Perón. El progreso argentino necesita de técnicos y profesionales especializados que pueden enriquecer las distintas áreas de la economía, en continua expansión. Más que nunca, el preámbulo de la Constitución del año 1853 vuelve a cobrar vida y mucha vitalidad, invitando a todos los hombres y mujeres del mundo que quieran habitar el suelo argentino a venir a poblar estas tierras y a contribuir al progreso general. Nuevamente, entre los escombros de la economía europea, Argentina vuelve a abrir sus brazos generosos para amparar a aquellos extranjeros cuya realidad socioeconómica los expulsa irremediablemente ante una crisis insoportable que se ha ensañado fundamentalmente con el empleo, afectando a todos sus estratos sociales.
