Por Justo Estoup
Sin lugar a dudas el siglo XX representó para la mujer el momento en que, tras largas luchas, fue ocupando distintos ámbitos relacionados con la economía, las finanzas y la política. Hasta este siglo el rol de la mujer estaba asociado fundamentalmente al de la procreación, las tareas domésticas y el cuidado de la prole.
El ingreso de la mujer a las fábricas, el acceso al voto representaron dos íconos fundamentales en la historia reciente de las mujeres. Las féminas no solo se convirtieron en obreras y ciudadanas sino que también ocuparon espacios de poder tanto en el ámbito público como privado. En la segunda mitad del siglo XX este proceso tuvo un ritmo acelerado sobre todo a partir de la invención de la píldora anticonceptiva que les permitió decidir sobre su propia maternidad y establecer a mediano y corto plazo proyectos propios en lo referido a su vida profesional.
Es así, que gran parte de la legislación laboral como electoral ha estado dirigido esencialmente a la búsqueda de la igualdad de género. En este punto es oportuno realizar una adecuada diferenciación conceptual entre el significado de sexo y género. Esta distinción es muy importante porque el concepto de género ha sido uno de los grandes triunfos del feminismo.
El sexo hace alusión a las diferencias físicas o biológicas que existe entre hombres y mujeres. En cambio el género alude a las diferencias de tipo psicológico, social y cultural entre lo femenino y lo masculino. La distinción entre sexo y género es fundamental, ya que muchas diferencias entre varones y hembras no tienen origen biológico, la idea de la existencia de un sexo débil y por ende un conjunto de roles pre establecidos socialmente queda absolutamente desmantelada. La consolidación de estas diferencias conceptuales han permitido que las mujeres avancen y adopten otros roles sociales a los que culturalmente su sexo no estaba predeterminado. No caben dudas que estamos frente a la decadencia del patriarcado. No se quiere afirmar que dicha sociedad ha terminado, pero en los últimos años se ha avanzado mucho, y queda mucho camino por recorrer.
Son muchas las mujeres que en los últimos años se han hecho cargo de importantes espacios de poder en sus comunidades. Tal es el caso de Michelle Bachelet, que se destacó por la prolija administración como presidenta de Chile; recientemente ascendió al poder en Brasil Dilma Rouseff, con la tremenda responsabilidad de guiar a uno de los países más poderosos de Latinoamérica.
En nuestro país, se destaca actualmente la presidencia de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner. Quien supo sortear con inteligencia y trabajo las dificultades y los obstáculos que los distintos conflictos políticos, provocaron a la gobernabilidad de su gestión. Convirtiéndose en una de las estadistas más respetadas en el contexto mundial. Otro ícono notable es el caso de la ministra Nilda Garré, que está a cargo de uno de los ministerios más controvertidos y tiene bajo su gestión al conjunto de las fuerzas armadas, nos referimos al Ministerio de Defensa. Recientemente designada al frente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, con una importante responsabilidad en lo que se refiere a la política económica y monetaria del país. Como un acto simbólico y reafirmación de la presencia de la mujer en la construcción de la nación argentina desde sus orígenes hasta nuestros días, ha sido la inauguración por parte de la señora presidenta de un salón dentro de la Casa Rosada que evoca su presencia. Eva Perón, Cecilia Grierson, Juana Azurduy, Lola Mora, Mariquita Sánchez de Thompson, Alfonsina Storni, Alicia Moreau de Justo, Tita Merello, Victoria Ocampo, Aimé Painé, Paloma Efron (Blakie) y las Madres de Plaza de Mayo. Todas ellas, en el Salón de las Mujeres personifican no sólo momentos históricos en el desarrollo de la nación argentina, sino que al mismo tiempo cada una encierra en su seno un conjunto de valores que contribuyeron a la formación e identidad de la sociedad argentina. Se han destacado en las guerras civiles; en la literatura, llevando la belleza literaria hacia los confines más lejanos. Se han distinguido por transformar el mármol o la madera en arte representando muchas veces al hombre y a la mujer argentina. Son ejemplos de luchas, de compromisos, como el caso de Eva Duarte de Perón. También representan el sufrimiento más desgarrador de la pérdida de los hijos y nietos, tal es el caso de las madres y abuelas de Plaza de Mayo. Todas ellas son mujeres que demuestran al mundo la existencia de una sociedad particular y con singulares características, ellas fueron responsables, también junto a los hombres de la construcción de las bases de la moderna sociedad argentina. Sin ellas, sin ellos, no tendríamos historias que contar ni motivos para orgullecernos. Fueron ciudadanas ejemplares que en sus campos supieron llevar el trabajo y la excelencia hasta donde las capacidades humanas se proyectan y entralazan con lo infinito y lo divino. Gracias a todas ellas.
