Independencia Economica

En el año 2003 Argentina inició una profunda transformación en su modelo de desarrollo económico. El país pasó de un esquema centrado en el endeudamiento y la especulación financiera, que generó una fuerte desarticulación productiva y social, a otro basado en el desarrollo y la diversificación productiva. Desde entonces, se ha priorizado la expansión del capital nacional y de las PYMES, junto a la creación de empleo y la inclusión social.

 

Este nuevo modelo no nació por obra del azar, ni del “viento de cola”, sino que encontró sustento en la férrea decisión política de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Luego de décadas, la política económica fue nuevamente puesta al servicio de la sociedad, retomando y consolidando la histórica bandera de la independencia económica.

 

El modelo productivo con inclusión social se basó en medidas complementarias y consistentes que incluyeron los campos macroeconómico, productivo y social.

 

A nivel macroeconómico, el sostenimiento de un tipo de cambio real competitivo, en un marco de condiciones externas muy favorables, permitió recuperar la competitividad de la economía y revertir de forma sostenida el déficit comercial vigente durante la Convertibilidad. La política cambiaria, junto a la de desendeudamiento, generaron superávits de las cuentas externas, los cuales permitieron acumular reservas y crecer a tasas elevadas sin enfrentar, por primera vez en décadas, una crisis de balance de pagos.

 

A su vez, la política de desendeudamiento, la re-estatización del sistema previsional y la mayor y más progresiva presión tributaria permitieron equilibrar las finanzas del sector público. De este modo, nuestro país recuperó la soberanía, y pudo expandir el gasto y la inversión pública, impulsar la demanda agregada y desarrollar la infraestructura necesaria para garantizar que la mayor competitividad de los sectores productivos se tradujera en crecimiento, inversión y creación de empleo.

 

El desarrollo de las capacidades productivas locales fue fundamental en este proceso. La implementación de un conjunto de políticas productivas pro-desarrollo, que alientan actividades estratégicas en términos de creación de empleo, encadenamientos productivos y generación de conocimiento, permitió incrementar la competitividad del sector manufacturero y mejorar la inserción de la producción nacional en los mercados internacionales (con especial dinamismo de los productos industriales). En ese contexto, la industria alcanzó niveles récord de producción, empleo e inversión, acumulando un crecimiento superior al 80% desde el 2002 (que, además, se distribuyó de forma equilibrada entre los distintos sectores y regiones del país).

 

En el nuevo rumbo de la Argentina, los objetivos de creación de empleo y mejora de los ingresos de la población han ocupado un rol central. El fuerte impulso a la creación de empleo permitió reducir la desocupación y mejorar la distribución del ingreso. A ello se agregaron la Asignación Universal por Hijo, el aumento del salario mínimo, vital y móvil y del haber mínimo jubilatorio, la Ley de Movilidad Jubilatoria, la inédita expansión de la cobertura del sistema previsional y la restitución de las negociaciones colectivas, medidas todas que permitieron la recomposición de los ingresos de los sectores populares. La re-regulación de los servicios públicos privatizados (que, entre otras cuestiones, evitó el aumento de tarifas), y la regulación de sectores clave de la economía mediante la instrumentación de retenciones, compensaciones y acuerdos, contuvieron los aumentos de precios de productos de primera necesidad (cuyos precios en Argentina son los más bajos de toda América Latina), y permitieron la recuperación del poder de compra de los salarios, las jubilaciones y los planes sociales, dando así vida al mercado interno.

 

En síntesis, ninguno de los logros del modelo productivo con inclusión social nacido en 2003 se explican por el “viento de cola” o la buena suerte, sino que son el producto de un conjunto articulado de medidas, consistentes y articuladas entre sí, que permitieron dar forma al proceso de expansión económica y social más extenso y dinámico de la historia argentina.