El Modelo Argentino

Por Justo Estoup


Es interesante poner en relieve un conjunto de cambios que se pueden observar en la sociedad argentina de estos últimos años. Se puede afirmar, con toda seguridad desde una perspectiva puramente sociológica, que existen un conjunto de transformaciones que han acompañado al proceso de crecimiento sostenido que ha tenido el país en los últimos años. Es importante recordar que Argentina supo construir durante el siglo XX una de las sociedades más eminentes de Hispanoamérica. Uno de los fenómenos que fue objeto de estudio durante largos años fue la consolidación de una clase media, que se transformó en un modelo alternativo al de los Estados Unidos. En este universo, Argentina fue el espejo en que muchos países trataron de reflejarse. En este aspecto, la movilidad social que se operó en el país, fruto del crecimiento, fue el símbolo de una sociedad que a través de la expansión de la educación, la industria y todo su aparato productivo, tuvo momentos de gran esplendor.

Esta clase media, fruto de dicha movilidad, tuvo su decadencia a fines de los años setenta. Dicha década representó tristemente el proceso de desmantelamiento de la clase media argentina, acompañando el oscuro panorama económico y financiero que se proyectó en aquellos años. El año 2001 fue un importante punto de inflexión en donde culminó sin lugar a dudas la aplicación de un esquema socioeconómico que ya había perdido toda eficacia y eficiencia. Al mismo tiempo señaló el comienzo de un nuevo período de reconstrucción y de desafíos trascendentes para la sociedad política. Desde la administración de Néstor Kirchner, la política pudo contener aquellos desafíos que el país exigía con urgencia. La bonanza económica fue acompañada por una administración trasparente y consciente de las auténticas necesidades de una sociedad cuyas redes habrían sufrido todo el impacto de aquellos tiempos tenebrosos de crisis económica y financiera. Hoy en día esta perspectiva ha mejorado notablemente.

En ese entonces la expectativa que existía en gran parte de la población estaba subsumida en la idea de supervivencia, como consecuencia de aquel naufragio económico. Tras el desmantelamiento del Estado en la década del ‘90, el kircherismo tuvo la inteligencia de reconstruirlo, porque en aquella reconstrucción de debatía el destino del país. Es por ello que la contención social del Estado fue fundamental para que, millones de argentinos, pudieran sobrellevar aquellos duros momentos.

El mejoramiento de la calidad de vida de todos aquellos sectores, como así también la existencia de un fenómeno novedoso como es la reconstrucción de aquella clase media, ubican a la Argentina contemporánea como un modelo a seguir. Dicho modelo se contrarresta con la aplicación por parte de la Unión Europa de las reformas financieras y políticas en aquellos países que ostentaron opulencia en otras décadas, tal es el caso de España, Portugal, Grecia o Irlanda.

Argentina, una sociedad castigada por los desaciertos políticos y por los infortunios financieros, hoy en día puede generar otro tipo de necesidades y expectativas con respecto a su realidad económica y hasta de la misma política. Es absolutamente notable como aquella comunidad preocupada por planes sociales, hoy en día valora con mucha firmeza la obra pública. Nos encontramos en una fase subsiguiente en las que las demandas sociales se han transformado en la búsqueda de un saludable bien común.

Los individuos han redireccionado sus demandas imponiendo nuevos desafíos a la clase política. Todo esto, indudablemente, es fruto del mejoramiento económico. Es por ello que en donde se demandaban puestos de trabajo en aquellos años críticos, hoy se reclama la intervención del Estado en el mejoramiento de los espacios públicos y la conservación y mejoramiento de la infraestructura urbana. Es por ello que también se han trasformado notablemente los discursos de los estamentos políticos, y la inversión en infraestructura está ubicada en el centro de las propuestas que tienden a seducir al electorado.

Como ejemplo de este proceso de cambio, tenemos a las últimas elecciones, en las que analistas políticos han coincidido que un sector muy importante de la población, tanto nacional como local, priorizó la oportuna intervención del Estado en las obras públicas que han tenido como consecuencia el mejoramiento de la calidad de vida de todos los sectores de la población. Porque donde se construyen hospitales y escuelas, como así también, se recuperan calles, avenidas, para el mejoramiento vial tanto de las zonas rurales como urbanas, repercute en el conjunto de la población en forma transversal sin reconocer clases sociales.
Todo este fenómeno descripto es el símbolo más evidente de la transformación de Argentina como así también el triunfo de los nuevos estamentos políticos que encarnan un proceso de transformación y crecimiento.

Recuperar el esplendor de aquella Argentina continúa siendo el mayor de los desafíos, pero seguramente en estos últimos años estamos más cerca que nunca de aquel objetivo.